martes, 8 de mayo de 2012

Las cuestiones de un beso. (Primer Beso)



¿Ha durado suficiente?, porque el tiempo parece infinito, sin poder medir si ha sido corto o largo, mientras el instinto te dice que hay que prolongarlo.
¿Debería ir más allá?  Porque el cuerpo dice que no hay fronteras, porque la mente me dice que espere, porque he aprendido que hay que esperar, siempre esperar un poco más.
¿Hice bien en detenerme? ¿Hice bien en ir más allá?  Porque ninguna respuesta parece la correcta, porque me he aferrado a la creencia de que lo que rápido comienza, rápido acaba, y deseo prolongar ese beso lo más que se pueda.
¿Se va a repetir? Porque me niego a pensar que un beso sea un beso, porque hay besos hechos para durar meses, años, vidas juntos.  Y el espacio entre el primero y el segundo pueden parecer eternos, puede parecer que no se tocan, porque mi mente me atormenta pensando que es singular el hecho de tocar tus labios.
¿Cómo me miras, cómo me hablas?  Porque es una estúpida adivinanza.  Si nada cambia puede ser bueno, o puede ser malo (somos los mismos seres o ahora somos indiferentes).  Si algo cambia, puede ser bueno, o puede ser malo (algo creció, algo se creó o algo se perdió)
Porque me veo huyendo de momentos, sombras inexistentes, donde me dices que nada importó, que nada fue, que nada debió pasar.
Porque me veo provocando momentos, invocando palabras, donde me dices que hay algo más, que algo se fundió, que algo ha surgido.

Y necesito hacer tantas preguntas al aire, para despojarme de ellas, para ignorarlas ahora, y concentrarme en que todo fluya, como lo hizo ayer, como lo hará un día de estos, en que las bocas busquen su camino y nos lleven al momento perfecto del segundo beso.