¿Ha durado suficiente?, porque el tiempo parece
infinito, sin poder medir si ha sido corto o largo, mientras el instinto te
dice que hay que prolongarlo.
¿Debería ir más allá?
Porque el cuerpo dice que no hay fronteras, porque la mente me dice que
espere, porque he aprendido que hay que esperar, siempre esperar un poco más.
¿Hice bien en detenerme? ¿Hice bien en ir más
allá? Porque ninguna respuesta parece la
correcta, porque me he aferrado a la creencia de que lo que rápido comienza,
rápido acaba, y deseo prolongar ese beso lo más que se pueda.
¿Se va a repetir? Porque me niego a pensar que un beso
sea un beso, porque hay besos hechos para durar meses, años, vidas juntos. Y el espacio entre el primero y el segundo
pueden parecer eternos, puede parecer que no se tocan, porque mi mente me atormenta
pensando que es singular el hecho de tocar tus labios.
¿Cómo me miras, cómo me hablas? Porque es una estúpida adivinanza. Si nada cambia puede ser bueno, o puede ser
malo (somos los mismos seres o ahora somos indiferentes). Si algo cambia, puede ser bueno, o puede ser
malo (algo creció, algo se creó o algo se perdió)
Porque me veo huyendo de momentos, sombras inexistentes,
donde me dices que nada importó, que nada fue, que nada debió pasar.
Porque me veo provocando momentos, invocando palabras,
donde me dices que hay algo más, que algo se fundió, que algo ha surgido.
Y necesito hacer tantas preguntas al aire, para
despojarme de ellas, para ignorarlas ahora, y concentrarme en que todo fluya,
como lo hizo ayer, como lo hará un día de estos, en que las bocas busquen su
camino y nos lleven al momento perfecto del segundo beso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario